Extravío. Revista electrónica de literatura comparada 2 (2007) ISSN: 1886-4902

Extravío. Revista electrónica de literatura comparada 2 (2007) ISSN: 1886-4902 <http://www.uv.es/extravio> 73 Santa, bruja, histérica, farsante, enferma. Representaciones de la anorexia Sonia Masip* Universitat de València Resumen: Se deja de comer por infinitos motivos. Si se hace voluntariamente, el ayunador, en este caso la ayunadora, llevará a cabo un acto de renuncia que traerá consigo una carga de significación extrema. Esta será determinada por la ubicación que se le dé (se le permita) al cuerpo famélico / enfermo en el tejido social, ya que como ha quedado sobradamente de manifiesto, el estatuto de una enfermedad es generado y significado por la relación tensional entre la institución médica y la colectividad. Así es como la literatura se convierte una vez más en un juego: la representación de las representaciones. Y así es como se estructura este trabajo, como una panorámica de la presencia del ayuno en la novela o en la poesía. Palabras clave: anorexia, ayuno, representación, enfermedad Abstract: You can stop eating for infinite motives. If you do this voluntarily, the person who fasts, in this case the woman who fasts, she will carry out an act of resignation that will bring with it a load of extreme significance (meaning). This one will be determined by the location that it’s given (it will be allowed) to the hungry/sick body in the social fabric, because as it has stayed too of manifest: The creation of a disease is a socio-cultural process that assumes a meaning in the dialectical relation between medical language and society. This way it is like the literature turns once again into a game: the representation of the representations. And this way it’s like this work is constructed, as a panoramic of the presence of the fasting in the novel or in the poetry. Keywords: Anorexia, fast, representation, illness, disease No es que no coma, come nada Lacan La autoinanición, la supresión voluntaria de la ingesta de alimento, se convierte para los no iniciados en un acto misterioso, inquietante, fascinante y horroroso, casi ofensivo. Una “decisión” que puede resultar molesta para nosotros, los esclavos del hambre; el que deja de comer parece superar el instinto primordial, parece, al mismo tiempo, instalarse en un nivel superior. Así lo vio la Iglesia en la Edad Media, cuando acusó a los ayunadores más excesivos de soberbia. * Cita recomendada: Masip, Sonia (2007) “Santa, bruja, histérica, farsante, enferma. Representaciones de la anorexia” [artículo en línea] Extravío. Revista electrónica de literatura comparada, núm. 2. Universitat de València [Fecha de consulta: dd/mm/aa] <http://www.uv.es/extravio> ISSN: 1886-4902 Extravío. Revista electrónica de literatura comparada 2 (2007) ISSN: 1886-4902 <http://www.uv.es/extravio> 74 Dice la medicina que el ayuno provoca una sensación, objetiva, de omnipotencia; al poner a prueba las leyes de la biología el sujeto tiene la impresión de rozar lo trascendente, del triunfo sobre la materia/cárcel (Caparrós & Sanfeliú: 1997). Se ha comprobado que la autofagia de los músculos propios da lugar a la producción de sustancias como la dopamina, la noradrenalina y la endorfina: euforizantes, estimulantes. De este hecho se sirven algunas sectas para reclutar entre sus filas a los que han de ser proclamados mártires. También se pueden entender así las experiencias místicas. Queda claro: la pérdida de la propia carne puede llegar a ser adictiva. La novela Hambre (1962), del Nobel Knut Hamsum, es un buen ejemplo del estado de conciencia alterada al que puede llevar la falta de alimento; teniendo en cuenta que el ayuno del narrador-protagonista no es, ni mucho menos, voluntario. El personaje entra en un estado de semi-ebriedad en el que llega a tener visiones y alucinaciones. Este estar atravesado por la inanición, además de sufrimiento, le proporciona —por lo dicho— momentos de placer y éxtasis: Había observado claramente que, cuando ayunaba, durante un período bastante largo, mi cerebro parecía desprenderse dulcemente de mi cabeza y lanzarse al vacío. Mi cabeza se aligeraba y, como si no existiera, no sentía su peso sobre mis hombros (Hamsum,1962: 2) Sin embargo, en otros momentos, siente una “altivez aristocrática”, una prepotencia, que hace que los demás le inspiren un desprecio profundo. Esto le lleva a poner a prueba a algunas personas con las que se encuentra en su deambular; así, juega al desconcierto con ingenuos desconocidos. Su ayuno le inviste de una especie de excepcionalidad, ir venciendo día a día a la inanición tiñe de heroicidad la precariedad en la que vive. Esto, unido a la acción de las sustancias que intervienen en su extinción —la adrenalina y la endorfina— que actúan de la misma forma que algunas drogas, hace que el narrador-protagonista se muestre, en ocasiones — en otras, es absurdamente generoso— desdeñoso hasta la crueldad. Estos aspectos más o menos fisiológicos del ayuno explican muchos de los comportamientos y actitudes del ayuno “voluntario” actual. A lo largo de la Historia se ha dejado de comer por muchas razones, pero tal vez nos encontremos ahora ante cierta inflexión: el ayuno más o menos voluntario es masivo, también más visible, y se ha convertido en un “problema” de salud social, que genera un gasto excesivo, que hay que solucionar. El ayuno desatado se convierte en anorexia. La figura anoréxica genera una angustia, una imagen de muerte, fantasmagórica, que hay que exorcizar. Sin embargo, en la mayoría de los casos no se busca la muerte, sino el límite. Paul Auster ha visto en el ayunador secular, no una búsqueda de la vida celestial, sino una invasión de la muerte en el espacio de la vida. Una vida en el borde. Extravío. Revista electrónica de literatura comparada 2 (2007) ISSN: 1886-4902 <http://www.uv.es/extravio> 75 Se decide intervenir de forma brutal en lo que normalmente se acepta sin más. Se toman las riendas de la propia vida a través de la transformación de lo que es más evidentemente uno mismo. Se supera la oposición tradicional entre cultura y naturaleza y nuestros cuerpos se convierten en construcciones culturales o individuales. Los cuerpos, en un intento desesperado de expresar lo que no se puede o no se sabe decir con palabras, se convierten en un aullido que se desvanece, como ellos, los cuerpos / palabras , si no hay quien los oiga. Guillemot y Laxenaire lo explican así: para ellos este mensaje adquirirá unas formas u otras según el contexto sociocultural en el que éste haya de ser descifrado (Guillemot y Laxenaire,1994). Joan Jacobs Brumberg (Wolf, 1991: 243) ve la comida como un lenguaje simbólico, la anorexia como un grito de confusión en un mundo con demasiadas elecciones y “el apetito como voz”. Pero esta forma de expresarse es una trampa: Buzzatti y Salvo ponen de manifiesto que “los afectos anestesiados, inmovilizados, desecados (...) se hunden en el cuerpo y lo capturan en el maleficio de un único código triunfante: el del sufrimiento” (2001: 30). Así, el ayunador escribe obsesiva y desesperadamente sobre su cuerpo, sangrando si es necesario. Cuando este cuerpo es representado mediante el lenguaje asistimos a un acto de doble escritura. Se escribe sobre un cuerpo ya escrito. En la literatura se da vida, mediante las palabras, a un personaje que es él mismo un cuerpo-lenguaje. Se representa mediante signos algo que ya es simbólico. Es un juego de lenguajes dentro de lenguajes, la anoréxica convierte su propio cuerpo en una metáfora de lo que no puede verbalizar. Por eso lo controla, lo observa, lo pesa, intentando escrutar qué se esconde en él, porque no lo logra cifrar y descifrarse. Si se considera al “enfermo” como categoría, se crea una identidad colectiva imaginaria, se anula de nuevo al sujeto empujándolo al abismo del que está tratando de salir. Gritando, pidiendo una ayuda que no le es dada. Algunos tratamientos para los llamados trastornos alimentarios se centran sólo el eliminar el síntoma, la extrema delgadez, reproduciendo quizá la misma represión, ignorando al sujeto, postrándolo a la condición de objeto, que ha llevado al ayunador a tomar este camino. Pero hay en la anorexia una especie de paradoja, y es que en ella parece producirse un cortocircuito en la representación. Una imagen corporal distorsionada es la norma en pacientes anoréxicos. Los contornos se desdibujan y los sentidos se ven alterados. Foucault (1997) hablaría de perturbación del “Eigenwelt”, el mundo del cuerpo de uno, que, vacío de vida, busca la muerte por el camino del ayuno. El cuerpo se convierte en escenario de conflictos que no se pueden expresar de otro modo. El sujeto no se vale de su discurso e interviene sobre su propio cuerpo. Es un intento de contrarrestar la presión ejercida sobre el individuo, alzándose este ante el discurso del poder. Resiste al asalto al que está sometido constantemente. Éste es el sentido en el que parecen haberlo entendido los huelguistas de hambre. Extravío. Revista electrónica de literatura comparada 2 (2007) ISSN: 1886-4902 <http://www.uv.es/extravio> 76 Según la mayoría de autores, Gandhi fue el primero en utilizar este arma; para Paloma Gómez (2001), las sufragistas inglesas se llevan el mérito de ser el primer gran colectivo que ayunó por causas políticas. Sin embargo, a partir del siglo I, uploads/Geographie/ representaciones-de-la-anorexia.pdf

  • 66
  • 0
  • 0
Afficher les détails des licences
Licence et utilisation
Gratuit pour un usage personnel Attribution requise
Partager